jueves, 7 de enero de 2010

Maletas

Recuerdo que hace años tener que hacer una maleta era algo especial, algo excepcional. Hacía la maleta para algún destino diferente, algo que me sacaba de la rutina, era por aquellos años incluso emocionante. Y empezaba a pensar en todo lo que tenía que meter en ella días antes de irme, si eran muchos días hasta hacía una lista. Además de la ropa, el pijama, el neceser con sus cosas (me sobraba espacio) solía llevar siempre uno o dos libros, el walkman, cintas (muchas), pilas, una cámara de fotos, carretes...

En cuanto al interior de la maleta las cosas no han cambiado tanto, tecnológicamente es obvio, la música va en el móvil y la cámara es digital, llevo ropa de sobra y no me queda espacio en el neceser... (antes no entendía como podía haber tantos botes y frascos en un baño). Lo que han cambiado son las ocasiones, los motivos. Ahora hacer una maleta no resulta especial, ni emocionante, y rara vez me lleva a un destino desconocido. Ahora y desde hace un tiempo hacer una maleta es algo común en mi vida.

Como cambian las cosas.
Igual que, antes dormía siempre de un tirón, y hoy son las 5 de la mañana y aquí estoy, escribiendo sobre maletas. Ahí está la mía esperandome, que mañana me lleva de nuevo a la rutina. Y que me trae en unos días para seguir con ella.

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