Es increíble como cerramos los ojos ante lo que no nos gusta, lo poco conscientes que somos algunas veces de lo que nos rodea. Cómo desatendemos a quienes decimos querer porque pensamos que no es necesario demostrarlo. Cuánto tiempo perdemos pensando en asuntos sin importancia, mucho más cómodo para nosotros, sin duda. Lo jodido es que el tiempo pasa y no espera, y puede que cuando la realidad se presente ante nosotros sea demasiado tarde.
Es preocupante la habitual falta de humanidad de las personas, olvidamos querernos, nos acecha el egoísmo, el orgullo, la envidia, el interés. Es triste ver que nos preocupa mucho más llenar los bolsillos, el aplauso fácil o el reconocimiento de la gente para sentirnos llenos. Una sonrisa, una mirada serena, una palabra tranquila, el aire freso en la cara, el sol en la piel, nunca son nuestro tema de conversación. Las pequeñas cosas, los detalles, pasan a un segundo plano. No pensemos erróneamente que no sirven para nada. Nunca seremos alguien si no tenemos a los demás.
Cuesta mucho menos alimentar el alma que alimentar el cuerpo, y se nos olvida.
sábado, 3 de abril de 2010
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